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De mis papeles juaristas

Comparto esta nota, en el marco de los festejos del Bicentenario del Benemérito.
 
Dentro de unos días los mexicanos celebraremos el CC aniversario del natalicio de Don Benito Juárez García. Durante esta semana el Colegio de Historiadores de Guanajuato está llevando a cabo un ciclo de conferencias, relacionadas sobre todo con la presencia de Juárez en Guanajuato y de destacados guanajuatenses que compartieron su lucha y su esperanza, como Ignacio Ramírez, Manuel Doblado, Sóstenes Rocha, Santos Degollado (no obstante, él es de Jalisco), y se olvidaron de Florencio Antillón.
 
Hay un escrito de Víctor Hugo, quien por cierto abogó por la vida de Maximiliano; ese escrito, a manera de carta, se refiere a la guerra de intervención:
 
"Una terrible guerra, se enfrentaron, por una parte, dos imperios, por la otra un hombre. Un hombre con sólo un puñado de hombres. Un hombre arrojado de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo, de rancho en rancho, de bosque en bosque; amenazado por la infame fusilería de los concejos de guerra; perseguido, errante, atacado en las cavernas como una bestia feroz; acosado en el desierto, proscrito.
"Seguido por un puñado de generales, algunos deseperados; por soldados, algunos desnudos. Ni dinero, ni pan, ni pólvora, ni cañones. Los matorrales por ciudades. Aquí la usurpación llamándose legitimidad; allá el derecho, llamándole bandido… Y un día, después de cinco años de humo, de polvo y de ceguera, la nube se ha disipado y entonces se han visto dos imperios caídos por tierra. Nada de monarquía, nada de ejércitos; nada más que la enormidad de la usurpación en ruina y sobre este horroroso derrumbamiento, un hombre de pie, Juárez, y al lado de este hombre, la libertad".
 
Otro recuerdo es un anécdota, un suceso ocurrido en Francia allá por 1870. Durante la guerra franco-prusiana, Napoleón III encomienda al mariscal Aquiles Bazaine la defensa de la plaza de Metz y se fortifica en esa ciudad con 1,500 cañones y 175,000 hombres y… la rinde sin disparar un solo tiro.
 
Pues bien, ese mismo Bazaine fue el comandante francés que había sitiado a Puebla en 1863 (siete años antes) durante sesenta y un días terribles; Zaragoza había muerto en septiembre del año anterior y el mando lo tenía Jesús González Ortega. Florencio Antillón estaba ahí, al frente del Batallón Primer Ligero, que lo llevó a pie (pues eran de infantería) de Guanajuato a Puebla.
 
Combatiendo hasta el último cartucho, hasta el último gramo de pólvora y no siendo posible ya resistir el sitio, Gonzalez Ortega dispersa a la tropa, destruye cañones y fusiles y se entrega en compañía de su oficialidad. Así entra a Puebla Aquiles Bazaine (quien por cierto casó con la poblana Josefa Peña Azcárate). Pues bien, cuando rinde la plaza de Metz, es sometido a juicio de guerra y el fiscal acusador le dice en el tribunal: "Debía Usted de haber aprendido en Puebla cómo se rinde una plaza".
 
Y en todo esto, atrás de ello estuvieron la conducción y el aliento de Benito Juárez García.
 
Nota original de Antonio Lavin Marmolejo, publicado en el diario Correo, Guanajuato, Gto., de fecha 15 de marzo de 2006, página 18. 
Categorías:Noticias y política
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