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El Bullying como base de la impunidad

Árbol que crece torcido, jamás su tronco endereza, dice el refrán. ¿En qué momento puedes enderezar un árbol que va creciendo torcido? Pues, desde su desarrollo temprano, antes de que engrose.

Lo mismo sucede con los seres humanos: si durante su desarrollo psicoemocional (en la infancia y la temprana adolescencia) no reciben valores e identidad cultural, de adultos serán un problema muy pesado para que lo soporte la sociedad. Parte importante de la convivencia social, es precisamente el respeto a los demás; la evolución del pensamiento ha rebasado desde ya, el espíritu del Talión, y precisamente, para inhibir que en aras de la revancha privada o grupal se afecte a los demás, es por lo que existen reglas básicas de convivencia.

Sin embargo, parece que algunos seres humanos (¿?) tienden a la involución, pues por alguna razón, descargan dosis de elevada violencia y maltrato hacia otras personas que tienen activado el freno de la revancha (véase en este mismo blog, el comentario de Drawn Together, la canción de la Princesa Clara)

Todos en alguna ocasión hemos padecido el llamado “bullying”, o el acoso violento y maltrato a manos de otros. Y por lo regular, el abusón sale librado de un castigo. Hay dos formas de enfrentar el acoso:

La primera, mediante una resistencia pasiva, sin llegar a conceder al abusón lo que quiere; y éste, cuando no lo consigue, busca a otro al que le pueda romper la resistencia. Por ejemplo: evitar los lugares donde está el abusón, hacerse acompañar de otras personas, prever el riesgo, etc. Aquí se evita el enfrentamiento en aras de un interés superior, por ejemplo, evitar un reporte, una acusación o una nota en el expediente académico que dificulte ascender a un grado escolar o conseguir empleo.

La segunda, enfrentar de manera directa al abusón. Esto requiere de una alta dosis de coraje, y de poner en juego el futuro académico o laboral. Si las cosas se tomaran como debiera ser, el defenderse de un abusón no debería ser sancionado.

Por desgracia, la protección al quebrantador de las reglas, genera en él, la creencia de actuar en total impunidad, lo que es algo real y debería motivar un cambio inmediato en la forma de atender los acosos. Un acoso o “bullying” se traduce en una conducta similar al chantaje, a la extorsión, a la provocación a la riña (aunque haya psicológos que afirmen que el abusón trata de medir fuerzas contra los demás)

Evidentemente, el chantaje, la extorsión y la provocación a la riña, son muy difíciles de comprobar, dejándose la carga de probar y demostrar, que la víctima es víctima, y no victimario (el victimario, por lo general, alegará siempre que ha sido obligado a declararse responsable o a reconocer lo que hizo). Esas conductas, por realizarse en un ambiente más o menos privado, dificulta, pues, que se logre detener al abusón. Un ejemplo visual clásico, lo tenemos en la película de Karate Kid I: los abusones en grupo maltrataban al personaje (Daniel San), obvio: nadie sabe, nadie supo.

En el diario El Universal (México) http://www.eluniversal.com.mx/notas/752400.html se publicó la nota, en la que refieren que un estudiante, al colmo de los abusos frecuentes, responde de manera física en contra del agresor, dándole una tunda. ¿Pero que sucedió? Dos cosas:

La primera, que la escuela, viendo que había un agresor y que el agredido se defendió, pura madre le valió y a los dos castigó. ¿Cuál es el mensaje que envían los directivos escolares? Los agresores son impunes, pues son sancionados de la misma forma que el agredido;

La segunda, que la madre del agresor, viendo lo pinche que resultó ser su vástago, todavía exige disculpas por parte del agredido y sus familiares. En vez de avergonzarse por la pésima formación de su crío, le echa la culpa a los demás.

Me parece que el trato fue completamente injusto, pues si en el ámbito penal, en tratándose de riña, el provocado recibe menor sanción que el provocador; con mayor razón, el abusón de la escuela debe recibir una sanción más fuerte, considerándose (según la nota) que la víctima había denunciado el acoso por parte del abusón desde hacía tiempo (la víctima había acudido en busca de socorro con los directivos escolares, y ellos lo ignoraron y al no haber actuado, toleraron y permitieron ese resultado)

¿Cuál es la realidad en México? Debido al excesivo derechismo (todos tienen muchos derechos, ¿y las obligaciones dónde están?) se está fomentando una tolerancia enfermiza que se traduce en impunidad. Los directivos y autoridades escolares, no pueden actuar e imponer medidas disciplinarias, pues en cuanto ejercen la discilplina, de inmediato los padres de los abusones, acuden cual magdalenas dolientes y llorosas, a denunciar a los directivos y a exponer a sus vástagos como unas almas de Dios.

Y esto, se refleja cuando la Policía detiene a los vándalos y pandilleros: sus familias, a sabiendas de que sus críos han cometido destrozos y daños, van y los defienden a ultranza.

En la realidad, ¿qué es lo que sucede? Por un lado, la víctima queda en desventaja, pues le obligan a probar y demostrar el abuso; si no tiene testigos o si los testigos no colaboran, queda como un mentiroso. Es aquí donde la víctima queda en franca desprotección, y por supuesto, el abusón tomará una revancha más severa. Por otro lado, al cuestionarse la autoridad escolar, el sistema fracasa pues no hay un imparcial que resuelva en el momento el problema, generándose así, un círculo vicioso de impunidad (que tiene más fuerza, cuando el abusón sabe que ni las autoridades escolares pueden contra él)

Asimismo, los abusones pueden actuar de una forma más grave, obligándo a las víctimas a consumir estupefacientes, haciéndolos narcodependientes, o bien, orillándolos a la venta de esos productos, ser informantes o mercancía de burdel. La víctima, por el temor de las amenazas en contra de su persona y de su familia, queda atrapado. Aquí es importante, pues, buscar ayuda urgente con las instancias respectivas (conferencia sobre prevención de drogadicción, Brasil, 2007), puesto ya rebasa el ámbito escolar.

Toma especial relevancia, cuando el acoso es fuera de la escuela: ahí ya se está cometiendo un delito o una infracción penal (esto, depende de la edad del abusón). Y esto ya es competencia del derecho penal; lo que de ninguna forma, justifica la pasividad de las autoridades escolares, pues éstas deben velar por la seguridad de los alumnos, por lo menos, en un aspecto territorial razonable.

Ese acoso, de igual forma, causa daños emocionales severos a la víctima, pues al sentirse desprotegida y vulnerable, no cuenta con medios para detener o enfrentar esa situación, lo que ha derivado en situaciones de riesgo personalísimos que en grado extremo, llegan al suicidio.

Es notable, por ejemplo, que en sitios como Ogrish o Youtube, haya vídeos de acoso o “bullying”, donde el maltrato es evidente, los abusones se autofilman disfrutando el daño que causan, pero las autoridades (escolares y penales) se dicen incapaces de intervenir, porque requieren de una denuncia. La víctima no denuncia porque está bajo amenaza (además de las razones antes comentadas). Por sentido común, ¿quien acepta recibir una golpiza y ser videograbada su humillación? En estos casos la autoridad no debe ser pasiva: de oficio debe iniciar la investigación respectiva.

 Si la idea, en el ámbito mundial, es inhibir y neutralizar el acoso o “bullying”, deben tomarse medidas más fuertes:

Primera: Que la autoridad escolar no sea cuestionada, para que pueda actuar e intervenir en el momento, aplicando ya sea las sanciones escolares o poner a disposición del Ministerio Público, al acosador. Los padres de la víctima son fundamentales para que ejerzan presión para que aquella sea respetada;

Segunda: Garantizar a la víctima, que su caso será atendido, y que el agresor y los amigos del agresor, serán controlados y monitoreados;

Tercera: Establecer en el sistema penal, un registro de abusones acusados y/o sancionados. De esta manera, queda evidencia de que, si la víctima es atacada fuera de la escuela, ya se tiene a un sospechoso;

Cuarta: Someter a un tratamiento psicoemocional, a los abusones y a sus padres; deben tener en claro que una acción tiene una consecuencia muy fuerte;

Quinta: Llevar un monitoreo puntual sobre la conducta del abusón, y hacer corresponsables de los daños que causen, a sus familiares. Si los familiares son incompetentes, podría tomarse, incluso, el designar a un tutor que controle al abusón, con cargo (pagado, pues) por los familiares del abusón.

Yo lo que he recomendado, es que ante una situación de acoso, la víctima haga la denuncia a las autoridades escolares, debe formarse una carpeta de evidencias y de las quejas. De esta forma, queda manifiesta la situación del problema y, de alguna forma, la víctima queda en posibilidad de defenderse. Quizá tenga que haber un enfrentamiento físico, pero si se le demuestra al abusón, que los golpes también le duelen, lo más seguro, es que dejará de molestar; ya que si el abusón resulta ser un sicópata, los reportes y denuncias previas servirán para que pueda ser sujeto de tratamiento psiquiatrico.

Como dice en la Cumbia del Taco: De nadie soy enemigo, pero el que me busca me puede encontrar.

O como afirma Juan Gabriel en la canción de La Farsante: Por las buenas soy muy bueno, y por las malas soy muy malo.

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